A medio camino de la vida, echo la vista atrás.
Veo todo en sueños, pero hurgando en mis recuerdos, atisbo mis años felices de adolescente. Esos turbulentos años en los que a pesar de las carencias y las imposiciones ¡POR QUÉ SÍ! Fueron maravillosos.
Aún recuerdo, ese sabor a chicle BAZOCA. Aquellos pantalones que usaba mi hermana mayor, con una gran campana. Que yo luego usaba para hacerme faldas.
También llegan a mi mente aquellas regañinas con falta de dialogo, que me propinaban mis padres, cuando me apetecía salir una tarde. Y no digamos una noche.
Y ¿os acordáis de vuestro primer cigarro a escondidas? Yo si, creo que todavía estoy mareada. Me sentó tan mal que jamás volví a fumar. Ojalá a muchos les hubiese pasado lo mismo. Seguro que habría menos fumadores.Y del primer y único chico, con el que salí. Y que luego fue mi marido. Recuerdo como se escondía en cualquier calle cuando paseábamos por el barrio, y de repente aparecían mis padres, tenía que inventarme cualquier historia, para salir del paso¡.QUE VENIA DE CASA DE UNA AMIGA!¡QUE ERA SU HERMANO! ¡ QUE VENIA DE HACER UN TRABAJO DE CLASE! Y más y más tonterías.
Yo pensaba que les había engañado. Pero me confundía. Años después descubrí, que los padres lo saben todo.
A pesar de todo mis padres eran maravillosos, abiertos, sencillos. Sin duda los mejores padres.
Teníamos apenas el mobiliario imprescindible en nuestra casa. Pero había ternura, protección y cariño.Había ansia de saber,de bailar, de vivir, de luchar.
Pero una de las cosas que más me gustaba, y lo que a veces echo de menos. Son esos fines de semana, cuando nos reuníamos primos, abuelos, hermanos, tíos, sobrinos, amigos y nos marchábamos al río con una pequeña nevera de color verde, unos conejos de la granja de mi abuelo, una enorme sandia, y un par de chorizos , que mi abuela había conservado, para la ocasión.
Todavía a veces creo escuchar las risas nerviosas de adolescente, y el olor de aquellos veranos junto al río
¡Cuánta tranquilidad y alegría con tan poco. Fue un tiempo lleno de sencillez, pero muy feliz, que todavía perdura en mi memoria.
Pilymaría
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