Intento escucharte, pero mi mente se marcha con mis pensamientos. Mientras te escucho, puedo leer, escribir.fregar y hasta cocinar. Tú sigues y sigues y de vez en cuando, te interrumpo y como si te hubiera escuchado, te contesto con un ¡ Sí claro! ¡ Pues déjalo, no importa!
Me hablas de ti, de papa, de tus hijas. Me cuentas historias de hace años, de las veces que íbamos a la playa, de los veranos en el campo... de lo felices que eramos y lo bien que lo pasábamos.
De una caja de zapatos de Diego, sacas fotos en blanco y negro, algunas casi irreconocibles por el paso del tiempo. En unas aparecen dos niñas, una mayor con una pequeña coleta. " Mi hermana" Y otra más pequeña y espigada, esa reconozco que soy yo. Me dices que somos nosotras de pequeñas. Empiezas a sacar parecidos, y descubres, que nos parecemos, en la mirada, los gestos y hasta en el pelo.
Y comienzas a recordar cuando mi padre y tú erais jóvenes.
Rebuscas por la vieja caja y me enseñas, una foto de hace más de 50 años. Me dices que eres tú y papá. El hombre joven, alto y bien vestido, es mi padre. En nada se parece al hombre de pelo blanco, fuerte y trabajador, que nos dejó....hace ya algún tiempo. Y aquella mujer alta de ojos verdes, casi ni la reconozco,
¡ Solo te queda la belleza de tú mirada y el coraje !
Me sonríes, pero tus ojos no reflejan alegría, están tristes.
Quieres marcharte no se a donde, Pero yo no quiero. Eres la única persona que me queda de la feliz familia que tanto recuerdas.
Por eso seguiré escuchándote, aunque a veces no te oiga. Y te diré, un hasta mañana desde mi ventana.
Aunque se que algún día será un adiós para siempre...
